No sois intocables.

Algo que me hace gracia es la creencia ingenua de algunos menores acerca de la responsabilidad penal que puede caer sobre ellos. Muchos creen que al tener menos de 18 años son “intocables”, sujetos fuera de la ley que, en caso de ser pillados in fraganti o a posteriori, no responderían personalmente de sus delitos, siendo los responsables directos sus padres o tutores.

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Pues siento deciros que esto no es del todo cierto, existe una ley (la LO 5/2000) que, a pesar de tener ciertos fallos, regula la responsabilidad penal de los menores. Pero no de todos, solo entran dentro del ámbito de aplicación de esta ley los mayores de 14 años y menores de 18. Los delitos más comunes cometidos por ellos son los robos, el hurto, delitos de lesiones y acoso (bullying),  aunque también hay un porcentaje para los delitos contra la seguridad vial, delitos relacionados con las drogas y delitos de agresiones o abusos sexuales. Pero las medidas contempladas en la ley no son las mismas que las que el Código Penal contempla para los adultos, siendo las siguientes ordenadas de mayor a menor según su gravedad:1 – Internamiento en régimen cerrado: De facto puede resultar como la cárcel, ya que consiste en privar al menor de su libertad ambulatoria en un centro de menores. Es la medida más grave y solo se aplica en el caso de los delitos graves. La duración de esta medida depende de la edad en el momento del hecho, pero puede ser de 3 a 5 años, además de que se le puede sumar la medida de libertad vigilada de hasta 5 años.

2 – Internamiento en régimen semiabierto:  También supone la privación de la libertad pero a diferencia de la anterior, al menor se le permite la realización de actividades fuera del centro.

3 – Internamiento en régimen abierto: Aunque el menor sigue privado de su libertad ambulatoria, puede realizar todas las actividades del proyecto educativo fuera del centro.

4 – Internamiento terapéutico: Aunque se trata también de una medida privativa de libertad, en este caso es en un centro médico, psiquiátrico o de deshabituación de las drogas o el alcohol.

5 – Tratamiento ambulatorio: Consiste en la obligación de seguir un determinado tratamiento mediante la asistencia a un centro.

6 – Asistencia a un centro de día: Aunque el menor sigue residiendo en su domicilio, deberá acudir a un centro para realizar actividades formativas, laborales o de ocio.

7 – Permanencia de fin de semana: Probablemente, junto a las medidas de internamiento, ésta sea una de las que más les pesa, ya que les impide disfrutar de las fiestas y los fines de semana, que en relación al resto de la semana es cuando más se cometen ilícitos. Consiste en la permanencia en el propio domicilio o en un centro de menores durante un máximo de 36 horas en período de viernes a domingo.

8 – Libertad vigilada:  Consiste en el seguimiento de la actividad del menor, de su asistencia al centro docente o lugar de trabajo.

9 – Prohibición de aproximarse o comunicase con la víctima: Esta medida también implica la imposibilidad de vivir con su familia o acudir a su centro escolar, en ese caso tendría que acudir a un centro de acogida y cambiar de centro.

10 – Convivencia con otra persona, familia o grupo educativo: La convivencia con determinadas personas que no sean de su familia puede ser algo muy positivo para el menor, sobretodo si vivía en un ambiente violento.

11 – Prestaciones en beneficio de la comunidad: Consiste en la realización de actividades no retribuidas de interés social o en beneficio de personas en situación de precariedad. Tanto en el régimen de adultos como en éste, los sujetos a esta medida no tienen que llevar un “uniforme” distintivo como ocurre en el sistema penal americano.

12 – Realización de tareas socio-educativas: Se trata de la realización de actividades específicas de contenido educativo, dirigidas a incrementar su competencia social.

13 – Amonestación: La medida más “suave”, consiste en una reprensión realizada por el Juez de Menores, para hacerle comprender la gravedad del hecho cometido y sus consecuencias.

Finalmente la ley termina con dos medidas que coinciden con las previstas para los adultos: La privación del permiso de conducir ciclomotores o vehículos a motor o del derecho a obtenerlo, o de las licencias administrativas para caza o armas, así como la inhabilitación absoluta.

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Imagen de la serie “Misfits” en donde los personajes realizan tareas en beneficio de la comunidad con el uniforme.

Visto el elenco de medidas, ahora falta determinar cómo se aplican. ¿Cuáles son las reglas de aplicación?

Lo primero que hay que tener en cuenta es que la elección de la medida estará orientada por la valoración jurídica de los hechos, la edad, las circunstancias familiares y sociales, la personalidad y sobretodo el interés del menor. El Juez de Menores puede imponer tanto una medida como varias, y la regla general es que la duración máxima es de 2 años, aunque ya he comentado que hay excepciones. Aunque el Juez tiene libertad de decisión, las infracciones imprudentes no pueden ser sancionadas con la medida de régimen cerrado (la más grave) y las faltas no pueden ser sancionadas con ninguna medida de internamiento.

¿Qué ocurre si el sujeto alcanza la mayoría de edad en el cumplimiento de una medida? Ésta seguirá, pero si llega a los 21 años o tiene 18 pero su conducta sigue siendo la misma,  la medida pasará a ser cumplida en prisión.

Finalmente, al igual que en el régimen de los adultos, también cabe la suspensión o la sustitución, siempre y cuando se cumplan una serie de requisitos y siempre que no se trate de una excepción.

Una vez analizado todo el régimen de menores, se plantean unas cuestiones: ¿Realmente benefician estas medidas? 

Medidas (penas, castigos) como el internamiento en régimen cerrado pueden perjudicar más que beneficiar, favoreciendo que el menor vuelva a delinquir incluso de forma más severa en un futuro, por lo que no se puede abusar de esta medida y solo debería aplicarse en caso de delitos de extrema gravedad. En cambio, medidas como la amonestación que en un primer vistazo parece que no tienen utilidad, en el caso de un menor que acaba de cometer un delito de poca gravedad por primera vez puede ser beneficiosa, ya que el simple hecho de verse delante de un Juez puede ser más que suficiente. Evidentemente, esta medida no sirve para nada en el caso de reincidentes o delitos de extrema gravedad. Personalmente, considero que habría que utilizar las medidas que supongan una privación de la libertad solo en casos graves y fomentar otras medidas que consistan en prestaciones y en realización de tareas educativas.

 

 

 

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Acerca de Andy

Estudiante de Derecho. Llevo con la voz un acento de sal.
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