Mare.

En el horizonte de tus ojos marrones había un misterio oculto por la bruma. Cada vez que miro al océano, te veo. Eras como el mar. Como sus olas caprichosas, que se acercan y abandonan la arena sin cesar; frío como la sensación del agua helada en la piel, robándote el aliento por unos instantes. Indomable e impredecible, como la fuerza de las aguas en la tormenta y la calma que la precede. El sonido que crea la marea es la  única melodía en ese lugar de melancolía y soledad, en dónde las gaviotas vuelan en silencio, sin atreverse a romper la atmósfera con sus graznidos.

El tacto de la arena escapándose entre mis dedos, los secretos enterrados y el sabor de la sal. Caricias fugaces y efímeras como el viento frío que recorre mi cuerpo y me hace estremecer, siendo los tenues rayos de sol mi  único abrigo en ese ocaso.

Y yo, una sirena en la orilla sin marinero al que guardar. Un velero sin viento perdido en el océano. Un mar de dudas.

“Te llevaste mi memoria,

juraste no regresar,

te veo en cada gaviota

aunque no sepa si hay mar.”

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Acerca de Andy

Estudiante de Derecho. Llevo con la voz un acento de sal.
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