No sé por qué, pero me acordé de ti.

Sentada en aquella terraza, desvié mi atención momentáneamente a la mesa contigua y lo vi. La misma espalda, el mismo color de piel, el mismo pelo revuelto. Se reía con la misma alegría, pero al devolverme la mirada no vi tus ojos. Tenía la misma edad que la que tú tenías por aquel entonces, o incluso menos. Pero no eras tú.

Aquel día te vi varias veces  en distintas personas.

Caminaba distraída cuando alguien pasó fugazmente por mi lado, dejando una estela con el olor de tu perfume. Me di la vuelta, pero no eras tú.

A lo lejos escuché una canción que me resultaba familiar. Recorrí las calles de piedra y crucé la esquina, siguiendo la música. Era la misma melodía y los mismos acordes, pero la voz era distinta. Oigo campanas y no sé en dónde.

Recuerdo perfectamente que aquel día llovía y hacía frío.

No sé por qué, pero me acordé de ti.

(Relatos que nunca debí escribir. Parte I: No sé por qué, pero me acordé de ti.)

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Acerca de Andy

Estudiante de Derecho. Llevo con la voz un acento de sal.
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