La vida en sepia.

No es la primera vez que hago mención a los problemas que plantea la tecnología actual y las relaciones sociales -véase “Qué haría contigo o sin ti”– y tampoco será la última. Cada vez surgen más  modas relacionadas con las redes y los dispositivos como smartphones o tablets, que irónicamente hacen que en vez de “conectarnos” nos desconectemos unos de los otros. La vida real está solo a 10 cm si levantas la vista de la pantalla de tu dispositivo.

Pon un #hastag en tu vida:

En redes sociales como Twitter que se actualizan a diario, es frecuente la aparición de nuevos Trending Topics y hastags, que dan lugar a  palabros que se incluyen casi de manera automática en el vocabulario, como “YOLO” -You Only Live Once-  entre otras. Solo es cuestión de tiempo que sean admitidas por la RAE, así como ocurrió con las almóndigas…

We like Instagram:

Cada vez más necesitamos demostrar al mundo lo felices que somos, los amigos que tenemos, lo que comemos, lo que nos ponemos, el gym al que vamos, lo que hemos hecho esa tarde, lo estupendos y populares que somos  a través de instantáneas con filtros -muuuchos filtros- aunque nada de eso sea verdad. Ahora la felicidad se mide con “likes”.

Vidas públicas:

Que la privacidad en Facebook ya no existe – o nunca existió – es algo evidente. Que no te engañe Mark Zuckerberg con todas esas palabras bonitas sobre la seguridad. Nadie se molesta en leer los “Términos y condiciones”. A pesar de que podamos filtrar lo que subimos, siempre habrá algún cabo suelto; realmente no somos capaces de controlar toda la información personal. A través de aplicaciones, extensiones, o incluso una mala configuración, se escurren como agua datos personales que, aunque luego los eliminemos, siguen ahí. Incluso a veces nos dejamos llevar por impulsos y publicamos en nuestros muros cosas de las que luego nos arrepentimos, o somos etiquetados en imágenes que desearíamos que nunca viesen la luz.

Problemas de uso y la mala fe de los usuarios:

No solo el hecho de que la gente no se despegue de su móvil es un problema a la hora de socializar, llegando a romper amistades o relaciones; también lo es el uso que hacemos las redes y quienes las usan. Los menores son más vulnerables a la hora de decidir que compartir y que no, además de las personas que intentan aprovecharse de esta situación para realizar conductas delictivas. No solo hablo de adultos intentando contactar o conseguir material de menores, sino también de aquellos que utilizan las redes con el fin de acosar de forma anónima a otros.

En conclusión, las nuevas tecnologías y las redes son instrumentos muy útiles siempre y cuando se controle su uso, se utilicen de forma apropiada y no se abuse de ellas.

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Acerca de Andy

Estudiante de Derecho. Llevo con la voz un acento de sal.
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