Dos o tres Sombras de Grey, como mucho.

Cuando se empezó a hablar de esta trilogía, todos miraban con escepticismo y cierto rechazo pues al parecer la autora prometía una historia con contenidos sexuales y prácticas peculiares como el BDSM. La curiosidad sobre qué ocultaban estas Cincuenta Sombras del protagonista y qué era lo que causaba tanta agitación hizo que me sumergiera en el mundo de E.L. James, a pesar de que no soy nada devota de las novelas eróticas.

El primer libro se presentaba interesante, aunque nos recordaba sospechosamente a otra saga de libros… El protagonista, Christian Grey, un joven aparentemente perfecto; todo un adonis que despierta pasiones allá por dónde va, con una mente brillante y podrido de dinero, pero con un pasado oscuro, tanto como sus gustos y preferencias sexuales. Y surge el amor de película –así, de repente- con Anastasia Steele, una chica aparentemente normal, insegura, con un problema de autoestima y sin idea de estilismo. Exacto, la misma historia que en Crepúsculo, pero sin vampiros y con sexo.

En un principio, el joven adonis propone a la chica llevar una relación contractual “Amo-sumisa” a través de un contrato en virtud del cual ella tenía que hacer todo lo que en varias hojas se exponía, con cláusulas detalladas, además de someterse a diversas prácticas sexuales en su “cuarto rojo del dolor” –sí, llama así a una habitación llena de fustas, cadenas…- y poco a poco la autora va descubriendo cuales son las razones de este comportamiento tan patológico del chico, pues también tiene manías como que no le gusta que le toquen. Raro, rarito.

Y claro, cual fue mi decepción al ver el desarrollo de la historia en los dos libros siguientes. Yo me imaginaba una trama dramática en la cual ella, a pesar sus sentimientos, debía debatirse entre soportar su modo de vida o escapar, una bonita muestra de lo que hacemos y soportamos – o lo tontas que somos- las mujeres cuando estamos enamoradas. Este debate está presente en el primer libro, incluso el final de la primera parte es aceptable pero es que el desarrollo de la trama en segundo y el tercero es taaaaaaan empalagoso y repetitivo que supera en cursilería incluso a Crepúsculo. Incluso las escenas sexuales que tanta expectación causaban entre las lectoras se vuelven repetitivas y la historia de amor se vuelve idílica e irreal. Si lees los libros, odiarás la frase “la diosa que llevo dentro” y el término “sexo vainilla”. Porque lo repiten hasta cansar. Y los traumas infantiles del protagonista, demasiado predecibles, aunque entre tanta paja –apréciese el doble sentido- si que consigue mantener un poco – muy poquito- el “suspense” e introduce algunas cuestiones interesantes. Pero me siguen sobrando 47 sombras.

En conclusión, mucho ruido y pocas nueces.

(N.A: Artículo de mi anterior blog en Blogspot.)

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Acerca de Andy

Estudiante de Derecho. Llevo con la voz un acento de sal.
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