¿Qué hora es?

Si se pudiera pedir una cosa, gran parte de la población mundial pediría algo utópico: el mítico relojito de esfera dorada, con su maravilloso botoncito y su “click” con el que –¡ooh!- se para el tiempo. Los hay con la idea más moderna y contemporánea, que resalta el detalle del botoncillo que además de detener el tiempo, también cabe la posibilidad de adelantar o atrasarlo a su gusto. La idea de poder aferrarnos a los mejores instantes de nuestra vida es tan tentadora que nos haría desear con más ansias el relojito y aumentaría la frustración al no poder tenerlo.

En la teletienda puedes encontrar mesas plegables de plástico, cuchillos inoxidables que se oxidan a la semana e inventos para adelgazar que lo único que hacen es darle un masaje a tus kilos de más, pero no estos relojes. Veámoslo desde el punto de vista imaginario en donde  existen. Cabe la posibilidad de adquirir uno de estos inventos, pero como la realidad es así de dura y la sociedad así de injusta y desigual, los relojes solo podrían ser adquiridos por personas con un capital desorbitado. Y por otro lado, si estuviesen al alcance, surgiría el problema de que nos encerraríamos en un único instante que consideraríamos “el mejor”. Entonces estaríamos sumidos en la estupidez humana y en la ignorancia, ya que después de los momentos buenos, también vienen malos… Pero también otros mejores que superarían a los anteriores.

Conclusión: perderíamos la capacidad de lo que llamaríamos vivir y aprender. Hablemos de invertir la teoría de la relatividad del tiempo de Einstein. La idea de que vaya más lento en los buenos y más rápido en los malos es igual de tentadora, pero  no podríamos aprender a vivir cada segundo con los buenos momentos y a aprender de los malos. Alguna vez hemos pensado“me gustaría quedarme en este momento para siempre” y poco después, la vida nos sorprende con algo nuevo y mejor. Entonces es cuando miramos ese espacio de tiempo y nos damos cuenta de lo que nos habríamos perdido. Mira, compara y si ves mejor, compra.

La verdad es  que realmente todos tenemos un reloj, porque cada uno es dueño de su tiempo. Se debería dejar de soñar con manejar el tiempo, porque llegará un momento en que no habrá tiempo que manejar. Vivimos a contrarreloj. Pero el ser humano es tan inocente que aún seguimos soñando con relojes.

clock

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Acerca de Andy

Estudiante de Derecho. Llevo con la voz un acento de sal.
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