Mientras mayor es la lucha…

Cuando era pequeña, solía pasar las tardes en un patio comunitario en dónde vivían mis abuelos. Era un lugar normal, que no destacaba por nada en especial, pero para mí y los demás niños, era fantástico. Había una piscina que abrían durante el verano y en dónde nos bañábamos hasta que se hacía tarde. El patio tenía columpios viejos de color amarillo, un tobogán verde que terminaba en un arenero -sin arena- y una fuente de piedra, los “sube-y-baja” y un castillo de barrotes. Detrás de los muros de piedra había unos árboles altísimos; no sabíamos lo que había tras ellos, solo sabíamos que si un balón se colaba detrás del muro ya no volvía. También había unas zonas de piedra en las que inventábamos mil juegos e historias, en dónde pasábamos todas las tardes, hiciese calor o frío. Recuerdo que era estupendo. El tiempo no transcurría y no nos preocupábamos en nada más que en que no llegase la hora de marchar, pero no importaba demasiado porque teníamos la certeza de que al día siguiente volveríamos.

En aquel mundo de “Peter Pan”, jugaba con las niñas a que nuestras muñecas estaban en la universidad, o casadas y con la vida arreglada; esa era la idea que teníamos sobre el mundo de los mayores: hacer una carrera, casarse, tener trabajo e hijos. No contemplábamos la existencia del paro, ni de las injusticias sociales, no sabíamos lo que era la corrupción ni nos preguntábamos de dónde salía el dinero, ni todo lo que nos quedaba por vivir y descubrir. Pero tampoco éramos conscientes de que el tiempo pasaba, y que cuando nos diésemos cuenta, todo aquello no serían más que recuerdos. En ese tiempo no sabía ni de leyes ni de nada; ahora miro atrás y veo todo lo que he vivido y pienso en todo lo que aún me queda por ver, hacer, descubrir y comprender.

Parece que fue ayer cuando mi hermana empezó la universidad, y hoy, a punto de licenciarse, ya sabe de qué color va a ser su toga.“Buscar trabajo”, una frase que nos parecía que nos quedaba muy lejos, y ahora es una de las muchas cuestiones a las que nos tenemos que enfrentar como el resto de millones de españoles. El tiempo es como el agua que intentamos retener en las manos, pero que se nos escapa de entre los dedos, y que por mucho que nos empeñemos en hacer las cosas eternas, nada lo es. Todo es transitorio, eventual y temporal.

Por eso, no os toméis la vida tan en serio, porque nadie sale vivo de ella. Y la pregunta más urgente que debes hacerte es: ¿qué estás haciendo por los demás? 

A lo largo de nuestro camino nos encontraremos con obstáculos que nos pareceran imposibles, y muchas de esas veces lo único que nos impide superarlos somos nosotros mismos y el miedo. Pero, “mientras mayor es la lucha, más glorioso es el triunfo”.

 

—Espléndido,¿no? ¡Mira cómo se mueven! Llenos de fuerza, color y gracia. Son increíbles. Pero tú, maldito desde que naciste, “un hombre, si se le puede llamar así, a quien el mismo Dios le dio la espalda…”

—¡Basta! ¿Por qué dices eso?

—Porque tú mismo lo crees.

 

Anuncios

Acerca de Andy

Estudiante de Derecho. Llevo con la voz un acento de sal.
Esta entrada fue publicada en Tiempo, Vida. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s