Como Dorian Gray.

 “Al fin de al cabo solo debería importarme a quien yo le importe de verdad, ¿no? soy de esas personas que piensan que cuando alguien quiere algo, va a por ello. Si quieres demostrarle a alguien que te importa, lo haces. Sino, de nada sirve que te montes una película llena de justificaciones. He aprendido mucho de eso. Si no lo hace, es que no le importa. Que alguien me corrija si cree que me equivoco… todo esto me lo ha enseñado el tiempo. (…) Ese silencio sempiterno del que tanto me quejé, tu silencio, la final me dijo más que cualquier palabra.” (de “Las Cartas a Nadie” – Marta Cortizas)

Quien busca la verdad corre el riesgo a encontrarla, pero la verdad nos hace libres -aunque duela- pero es mejor que estar atrapado entre miles de dudas del pasado que al final descubres que solo tienen valor para ti. Te despojas de tu orgullo, tu dignidad, tus principios y mientras lloras un río, abres tu corazón y solo obtienes indiferencia, ausencia de humanidad alguna e incluso un atisbo de crueldad. Con ingenuidad pensaste que recibirías ese “lo siento” que tanto esperabas, un abrazo de consuelo o una palmadita en la espalda de “gracias por participar”. Mientras escuchas palabras vacías y justificaciones desganadas se rompen todos los esquemas. Todas esas palabras y esos recuerdos que solo tuvieron sentido para ti. En una situación de completa vulnerabilidad descubres que no has hecho más que alimentar esa soberbia que tanto odiabas, que solo eras parte de un juego en dónde no eras la única ficha del tablero.

Y de repente, todo tiene sentido; la luz se apaga, se baja el telón y descubres que no eres más que un títere de una pantomima absurda. Todo en lo que creíste no era más que humo. Muchas veces a lo largo de nuestra vida encontraremos personas que significarán mucho para nosotros -amistades,amores,relaciones…- que nos hacen cambiar y que provocan en nosotros sentimientos que no se merecen. Sobretodo tenemos la mala manía de idealizar a los demás; nos hacemos una idea equivocada de las personas y luego nos decepcionan. Entonces sonríe, levántate y vete sin mirar atrás, dedícales tus últimas palabras de despedida y responde con la misma indiferencia y frialdad, para poder abrir tu corazón a quien realmente le importe y se lo merezca.

“Querido Dorian Gray, ¿cómo es realmente tu alma? ¿Te sientes orgulloso de ti mismo cada vez que rompes un corazón?”

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Acerca de Andy

Estudiante de Derecho. Llevo con la voz un acento de sal.
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